septiembre 03, 2012

¿Cuánto vale una vida humana?


Solo un segundo separa la vida de la muerte. Y después de ese segundo nada que hayamos hecho, o que no hayamos hecho, importará. Te preguntarás si es un sueño o realidad, te tirarás de los pelos, llorarás, y te preguntarás porqué mil veces. Pero eso no cambiará nada.

Vivimos tiempos difíciles, oímos hablar de recortes en educación, de subidas de precios, de recortes en sanidad… Pero es como si fuese algo lejano, algo que significará tan sólo colas de espera más largas en los hospitales. Y nos conformamos, nos callamos, o protestamos con el vecino.

Hace unos días mi sobrina estuvo a punto de perder la vida durante unas convulsiones febriles, algo relativamente frecuente entre los niños de entre tres y cinco años, y de no ser por los grandes profesionales del centro de salud de mi pueblo, como los que hay en cada pueblo, en cada centro de salud, no quiero ni pensar en lo que habría sucedido. Gracias a que ellos estaban allí, preparados, con sus equipos, las veinticuatro horas del día, no sucedió nada y todo quedó en un susto monumental, pero un susto al fin y al cabo.

Pero si esos “recortes” hubiesen propiciado que en mi pueblo, como en tantas otras poblaciones en España, hubiese desaparecido el servicio de urgencias las veinticuatro horas, la realidad habría sido muy distinta, probablemente irremediable.

Puede parecer que esté barriendo para casa, pero a veces olvidamos que esas personas, esos profesionales están, estamos, ahí tanto para curarte las quemaduras del tubo de escape de la moto como para tratar de salvarte la vida en una situación crítica extrema. Día tras día, noche tras noche, cuando todos están de fiesta con sus familias, o durmiendo tranquilamente, siempre hay alguien en el centro de salud, en los hospitales, en las clínicas.

Ahí no caben recortes ni polémicas, porque si sólo una persona pierde la vida en una circunstancia que podría haber sido paliada por el personal sanitario adecuado, nada de lo que se consiga con esos “recortes” valdrá la pena. Porque, ¿cuánto vale una vida humana?

Desde aquí os doy las gracias a todos, compañeros, los que os dejáis el cuerpo y el alma en vuestro trabajo cada día. Sois grandes, muy grandes.