noviembre 23, 2016

De correcciones y el oficio de escribir...



Llega un email que estás esperando y eso significa que se acerca la fecha de publicación. No puedo describir la mezcla de nerviosismo e ilusión al abrirlo. Y es que debo ser un bicho raro pero me encanta recibir las correcciones de mis novelas. 

Es una experiencia tan enriquecedora como pocas que un profesional cualificado analice hasta el menor dato de tu obra, que se cuele en los entresijos de la historia y controle y desmenuce cada capítulo. Que no solo analice la ortotipografía, sino que además  verifique los tiempos, la trama, los personajes, las horas de avión y  los usos horarios, busque la coherencia hasta límites insospechados y en ocasiones incluso te haga dudar de aquello que sabes a ciencia cierta. 

Aprendo muchísimo, me río con los comentarios divertidos y analizo cada opinión que me ofrece recibiéndola como un regalo que me ayudará a aprender más obra tras obra. 

Porque en mi opinión el oficio de una escritora (al menos el de una que ama su trabajo y trata de entregar lo mejor de sí misma) guarda similitud con el de un tallador de diamantes. Quién ha de pulirlos con mimo una y otra vez con la paciencia necesaria hasta que, esa joya en bruto que tenía en su mente se convierta en una piedra preciosa con todas las aristas suaves y pulidas que la haga sentir orgullosa. 

Y después será el lector, al fin y al cabo, el encargado de disfrutar de esa joya.