marzo 05, 2017

Bajo la luna azul

El día 14 de Febrero, un día muy especial para mí, se anunció que los organizadores del premio HQÑ habían tenido a bien concederme una mención que en principio no estaba contemplada en dicho premio, algo que me ha hecho feliz como una perdiz ;). Qué bonito es ver cómo unas letras que escribiste a solas en la intimidad de tu casa llegan y transmiten. Muy pronto Hugo y Estela estarán en vuestras casas, compartiendo sus emociones con vosotr@s. Mientras llega ese momento yo estaré de los nervios, es lo que toca :-P. 

Bajo la luna azul es una novela muy especial para mí que espero que os haga disfrutar tanto como lo hice yo al escribirla. Espero que esa luna mágica también conquiste vuestros corazones ;)




Enhorabuena a tod@s los compañeros premiados!!!  




febrero 10, 2017

Premios Rosas Románticas 2016


Hace unos días la revista Romántica´s anunció sus nominados a los premios Rosas Románticas
Estar nominada es un premio para mí. Son tres años consecutivos nominada, en esta ocasión en Romance Actual Nacional acompañada de dos grandísimas compañeras a las que admiro. Gracias, de verdad, muchísimas gracias a todas las lectoras que lo hacéis posible!! 

Nos leemos!!

febrero 04, 2017

El peso de ser mujer

Hace unos días estuve en un cole hablando de lo que se siente al ser escritora y l@s pequeñ@s me hicieron las preguntas más variopintas, desde qué se siente al ser famosa (ains cómo me reí) hasta con qué edad comencé a escribir. 

De camino con la visita entregué los premios de un concurso de relatos en el que el 90% de los premios los habían ganado niñas. 

Les pedí que no dejasen de soñar, que si a algun@ de ellos/as tenía el sueño de escribir que lo persiguiesen. 

Me resulta muy tierno participar con los colegios porque me veo reflejada en los ojos de esas niñas con mirada soñadora que disfrutan uniendo palabras, ains. Me encantaría poder decirles que van a tener las mismas oportunidades que sus compañeros, en general, no solo en esto de escribir, y de veras espero que sea así. 
Pero sé que queda mucho camino por recorrer para conseguirlo. Y es mucho lo que se ha logrado, mucho lo que ha cambiado la mentalidad en este país a lo largo de los años, pero más aún tiene que cambiar. 

Ser mujer lleva un peso añadido. Y me refiero a lo que la sociedad nos exige por el mero hecho de ser mujer. 
Hace algún tiempo acudí a un evento de mujeres en la política en el que participaban cuatro alcaldesas y me dejó petrificada, que las cuatro comentasen que cuando llegaron al cargo el comentario general entre sus detractores era el mismo; Eran una marioneta colocada en ese lugar por un hombre que dirigía el partido y la gestión de su gobierno municipal en la sombra. Daba igual el color político, la sentencia era la misma. No importaban sus carreras universitarias, su trayectoria profesional y política, era como si ninguna lo mereciese. ¿Por qué? ¿Por que eran mujeres?

¿Cuántas veces hemos oído el comentario, cuando una mujer asciende en su trabajo, de con quién se habrá acostado para conseguirlo? ¿Con los hombres lo habéis oído alguna vez? Yo no.

Y luego está el tema del salario, aquí quiero matizar que en mi carrera profesional (y pronto haré 18 años como enfermera) nunca me he sentido discriminada en este sentido, ni en el sector público ni en el privado, pero en la última Encuesta de Estructura Nacional  que ha publicado el INE cifra la brecha salarial en el 13,3%, aunque los sindicatos la calculan en torno al 17%, o hasta el 24%. Es indignante que en pleno siglo 21 por el mismo trabajo las mujeres cobren menos, es injusto y algo que deberían plantearse todas esas personas que afirman que las mujeres y los hombres ya estamos en igualdad, porque no es así.




Desde todos los medios de comunicación, desde la publicidad, programas, etc., se nos exige que nosotras no solo debemos ser inteligentes y buenas profesionales, sino que además debemos estar guapas. Guapísimas y arregladas. Da igual que seas médico de urgencias o fontanera, si vas con bigote, canas u ojeras siempre te juzgarán más que a un hombre con el mismo aspecto. Ya, es que los hombres no se preocupan de esas cosas, quizá si les dijésemos  «vaya cara de muerto traes, estás horrible con esas canas» un día tras otro, se pensarían en teñirse el pelo.

Y además me pregunto, ¿Por quéno aparecen presentadoras en los informativos, por ejemplo, a partir de los cincuenta años? Hombres sí que aparecen más allá de esa edad, ¿qué pasa que cuando cumplimos los cincuenta nos volvemos malas profesionales? Ojo que no pongo en duda la preparación de las jóvenes guapísimas que colman nuestras pantallas presentándolos, pero pienso que la televisión está tomando una línea muy perjudicial en ese sentido. Si eres mujer y no estás perfecta, la sociedad televisiva te borra del mapa, con las excepciones de profesionales de la comunicación que se comen la cámara con sus arrugas y su edad, porque transmiten tanto que ni siquiera el paso del tiempo puede quitarles su sitio ante el objetivo.

Y todo esto sin entrar en el tema de la maternidad, porque si eres mujer y no te planteas la maternidad eres un extraterrestre. Tengo conocidas que decidieron no ser madres y aun después de los años, tienen que soportar comentarios tipo: al final te arrepentirás. Pero si un hombre no se plantea ser padre, es de lo más normal, ¿verdad?



En fin, sé que queda mucha lucha por delante aún para que esas niñas de ojos soñadores puedan hacer con sus vidas lo que les plazca, sin sentir ese objetivo en la nuca, esas exigencias dignas de superheroínas cuando en realidad sólo deben preocuparse de ser mujeres, de carne y hueso. Pero es una lucha que debemos hacer entre todos, hombres y mujeres, porque solo así llegará el día en el que la igualdad sea real.

enero 22, 2017

Acoso escolar

«Escúchame acosador@:
Voy a enviarte un mensaje claro y conciso: Para. Deja de meterte con él, con ella, deja de insultarla, de susurrarle cosas, de utilizarle como burla en cada una de tus ocurrencias. Emplea toda esa energía que estas utilizando para hacer daño en algo productivo. Quizá ni siquiera sabes porqué te produce esa antipatía, esa desazón interior que te lleva a comportarte de ese modo, si es porque tiene sobrepeso, por sus gafas pasadas de moda o porque saca mejores notas que tú, no sabes porqué, pero que te desagrade no te da derecho a hacerle daño. Disfrutas dañando y/o humillando a otras personas, ¿no te da eso qué pensar? ¿Eres una mala persona? Si no lo eres deja de hacerlo y si lo eres busca ayuda, porque las malas personas generalmente son seres infelices. Y recuerda, no porque seas adolescente estás libre del peso de la ley, lo que haces es un delito y está penado. Como te digo, invierte esa energía en algo que no implique lastimar física o emocionalmente a otra persona. Si no paras puede que cuando te des cuenta de lo que has hecho sea demasiado tarde para reaccionar y te arrepientas toda tu vida de un comportamiento que no te lleva a ninguna parte.»

No me gusta hablar de mi vida personal, pienso que a mis lectores poco o nada les importa qué me gusta hacer los domingos por la tarde, o si saqué buenas calificaciones en mecanografía cuando estaba en el colegio. Pero hoy el cuerpo me pide hacer una excepción. Cuando leo casos como los que recientemente han sucedido en los que alguien que está comenzando a vivir decide quitarse la vida porque ha sufrido acoso escolar (o bullying que parece que en inglés las palabras cobran más fuerza) me duele el alma, y no solo porque sea una persona con sentimientos y capacidad de empatía, sino porque yo también lo viví.

No es algo que guarde como un secreto, de hecho en más de una de las presentaciones de Mangaka. Lágrimas en la arena, hemos hablado del personaje de Carla, de sus rarezas y su peculiar forma de ser, debido, entre otras circunstancias, al acoso que sufrió en el colegio. Cuando el tema del acoso escolar ha salido a colación lo he comentado.

No hablo de oídas, no imaginé lo que se siente para escribir la novela, lo viví y lo sufrí siendo una adolescente, como esos chic@s que lamentablemente ya no están con nosotros.





Yo sufrí acoso en el colegio, cuando no se hablaba de acoso escolar, cuando no existían protocolos de actuación, cuando los profesores lo tomaban como «cosas de niños».  A los trece, catorce años era una adolescente más alta que la media, muy delgada, con gafas, tan inteligente como tímida y que además me relacionaba a voluntad con los menos «populares», con quien nadie quería «juntarse» para jugar por X o por Y. Estos fueron suficientes «motivos» como para que Acosador y su corte de fieles me colocase en el objetivo de su punto de mira.

No voy a detallar los episodios que viví, seguro que muchos de quienes me leéis quizá hayáis pasado por lo mismo alguna vez, el problema se agrava cuando no es una vez, ni dos, sino a diario.

«No te preocupes, Acosador va a repetir curso y el año que viene ya no estará contigo» Jamás olvidaré la «solución» que me ofreció mi tutor cuando le conté entre lágrimas que ya no podía más. Porque no solo sufría por Acosador sino por la Enamorada de Acosador, quien pagaba conmigo que él me prestase más atención que a ella (muy a mi pesar).

En mi caso, después de casi dos años, en los que primero callé y después hablé con mi tutor y con mis padres, el acoso cedió porque fui al instituto, a 1º de BUP, lo que hoy en día sería segundo de la ESO, qué ironía, para mí el instituto fue una liberación, y cuando mi padre, cansado de que el colegio no tomase cartas en el asunto, se entrevistó con el individuo.  

Lo curioso es que después de los años, de adultos, por azares de la vida he coincidido con Acosador en más de una circunstancia, hemos tenido que mantener alguna conversación y al dirigirse a mí pareciese que hubiese borrado de su mente todo aquello. Una vez incluso me habló de «los años que coincidimos en el colegio» como si no fuese consciente de lo mal que me lo hizo pasar. Y creo que realmente no lo era, no lo es. Para mí en cambio, el tiempo ha atenuado las sensaciones y los recuerdos, ya no duelen, en absoluto, pero jamás, y digo jamás, podré mirarle sin sentir... dejémoslo en desagrado.


Por eso, si tú que me lees ahora te reconoces en mis palabras, si te sientes como yo me sentía en aquel momento, alza la voz, grita que ya no puedes más, cuéntaselo a tus padres, a tus profesores, a tus amigos, a quien pienses que puede ayudarte, cuéntalo porque no tienes nada de qué avergonzarte, que se avergüencen ellos de su comportamiento, porque tú no estás haciendo nada malo. Busca ayuda, porque no son cosas de niños, no lo era entonces y no lo es ahora. Y créeme, saldrás, seguirás adelante, perseguirás tus sueños y serás feliz, llegará un día en el que dejarás de sentirte mal, en el que dejarás de llorar y ese nudo que te atenaza en la garganta se esfumará. Serás feliz, serás como cualquiera que vive sin esa opresión. Lucha, porque lo conseguirás, estoy convencida :).




María José Tirado

enero 01, 2017

Del año que acaba y el que comienza...



Ha acabado un año, con sus luces y sus sombras, en mi balanza personal quizá más sombras que luces aunque es cierto que las luces fueron muy brillantes.

No soy una persona dada a hacer balances, ni a crearme metas para el año que comienza, siempre he marcado las metas a largo o medio plazo aunque sin un tiempo concreto. Para mí lo importante es poner toda la carne en el asador para que se cumplan y si no es así, volver a intentarlo con todas mis fuerzas. 

A lo largo de 2016 he escrito dos novelas muy distintas entre sí (Acero Bajo la Piel, la historia de Gran Oso, que será publicada en Mayo por Titania, y #BLLA de la que espero poder daros más información muy pronto) y he terminado otra (#HDDD más distinta todavía pues es de Fantasía Medieval y de la que aún no puedo daros más datos), novelas que espero que vean la luz en a lo largo de este año que acabamos de comenzar. 

El mundo sigue girando y va cambiando cosas, el mundo está cambiando, y el micro mundo de cada uno también, en ocasiones somos motores de nuestro propio cambio y en otras solo podemos capear el temporal, pero la actitud hacia estos cambios es lo más importante.


Yo he concluido el 2016 con unas muy buenas lecturas (Jane Eyre, ha sido mi último libro de 2016) y comienzo el 2017 con otra igualmente genial aunque radicalmente distinta pero que os recomiendo: Tokio Blues, del gran Haruki Murakami. Es una novela cruda y real, que me trae matices lejanos (muy lejanos y quizá sea sólo una impresión mía, de mi apreciado Charles Bukowski). Si comenzáis a leerla os garantizo que no podréis parar hasta terminarla. 





También me atrevo a recomendaros una película, después de verme la filmografía de Matthias Schoenaerts, un actor al que recién descubrí en La Suite Francesa (otra delicia) y que me conquistó con su actuación, os recomiendo De Óxido y Hueso, una película diferente y maravillosa aunque dura. 
Trailer:





Y bueno, ahora recién comenzado el 2017 puedo contaros que he comenzado a escribir una historia que vosotr@s, mis lectores me habéis pedido una y otra vez desde que leísteis Corazones de Acero. Y es la historia de Dominic Lomazzi, el italiano, agente encubierto de la interpol cuya historia al parecer os ha intrigado mucho, una historia que tengo en la cabeza y a la que iré dando forma a lo largo de los próximos meses. 

2017 llega plagado de nuevos proyectos e inquietudes que ya os iré revelando poco a poco, a su debido tiempo. Pero un año más no quiero dejar pasar la oportunidad de daros las gracias por acompañarme a lo largo de los meses, de los años, por compartir conmigo vuestras experiencias lectoras y por darme tanto cariño. Gracias.

Nos leemos ;) 









noviembre 23, 2016

De correcciones y el oficio de escribir...



Llega un email que estás esperando y eso significa que se acerca la fecha de publicación. No puedo describir la mezcla de nerviosismo e ilusión al abrirlo. Y es que debo ser un bicho raro pero me encanta recibir las correcciones de mis novelas. 

Es una experiencia tan enriquecedora como pocas que un profesional cualificado analice hasta el menor dato de tu obra, que se cuele en los entresijos de la historia y controle y desmenuce cada capítulo. Que no solo analice la ortotipografía, sino que además  verifique los tiempos, la trama, los personajes, las horas de avión y  los usos horarios, busque la coherencia hasta límites insospechados y en ocasiones incluso te haga dudar de aquello que sabes a ciencia cierta. 

Aprendo muchísimo, me río con los comentarios divertidos y analizo cada opinión que me ofrece recibiéndola como un regalo que me ayudará a aprender más obra tras obra. 

Porque en mi opinión el oficio de una escritora (al menos el de una que ama su trabajo y trata de entregar lo mejor de sí misma) guarda similitud con el de un tallador de diamantes. Quién ha de pulirlos con mimo una y otra vez con la paciencia necesaria hasta que, esa joya en bruto que tenía en su mente se convierta en una piedra preciosa con todas las aristas suaves y pulidas que la haga sentir orgullosa. 

Y después será el lector, al fin y al cabo, el encargado de disfrutar de esa joya.









octubre 30, 2016

Vivir sin ella

Buenas noches, este está siendo un fin de semana intenso en cuanto a escribir se refiere, #BLLA está en su tercio final y estoy deseando poner la palabra mágica ;) porque eso significará que queda menos para que podáis leerla. Sé que tenéis ganas de cositas nuevas, pero mientras llegan os dejo con una pequeña pildorita de las que se me ocurren de cuando en cuando :). Besos Caperus y Lobos, os dejo con Vivir sin ella, espero que os guste. 





- Pues no me quieras, joder – le había dicho, cerrando la puerta en sus narices, fulminándole con sus hermosos ojos grises crispados por la emoción.
No me quieras. Ojalá fuese tan fácil, se dijo, conteniendo las lágrimas que desvergonzadas se atrevían a llenar sus ojos azules. Tan fácil como había sido para ella dejar de quererle, de la noche a la mañana. Dejar de buscarle, de llamarle, de mandarle mensajes, de ir a buscarle al trabajo…
Y se volteó, dispuesto a recorrer el pasillo en sentido inverso. Jamás un pasillo pareció tan frío y lúgubre, cuando antes, cuando ella le amaba, se asemejaba a las puertas del mismísimo cielo, pues era el último resquicio, la antesala de su particular paraíso. Porque su paraíso era ella, su cielo, su patria, su nación tenían las sinuosas curvas de una mulata caribeña de ojos grises y cabello caracoleado. 
Ojalá nunca la hubiese conocido. Ojalá nunca se le hubiese acercado pidiéndole fuego en mitad de aquella discoteca ataviada con aquel diminuto vestido de blanca lycra que tan poco dejaba a la imaginación. Pero entonces nunca se hubiese deleitado con el sabor tibio y afrutado de sus besos, de sus voluminosos labios del color brillante de las amapolas. Entonces viviría sin conocer el placentero roce de la suave piel de entre sus muslos, de la aterciopelada silueta de su voluptuoso pecho. 
Sería más fácil desconocerlo que anhelarlo para siempre, se dijo. Probablemente sí, pero no había marcha atrás. La había conocido, la había amado y ahora la anhelaba, a cada respiración.
La había perdido, y algo en su interior le gritaba que para siempre. Dio una patada al enorme cenicero del descansillo, el contenedor metálico rodó por el suelo, tiznándolo de cenizas y anaranjadas colillas.
Para siempre. Demasiado tiempo cuando era incapaz de imaginar un solo día sin ella. Cuando había bebido de su risa, cuando había palpitado con su llanto, cuando la llevaba tatuada en su carne desde hacía demasiado tiempo.  
Maldijo su estampa, ahogando el dolor entre los dedos, apretándolos con fuerza. Tendría que aprender a soportarlo, a vivir con su ausencia. A vivir sin ella.
Aunque en aquel preciso momento era incapaz de imaginar cómo.