noviembre 25, 2011

De Amores y Pasiones Escritas

       La pluma es valiente, mucho más que quienes entre sus manos la sujetan. Por eso ella se atreve, descarada, a revelar todo aquello que la boca, que los labios, de quienes con mayor o menor acierto la empuñan, no son capaces.

       ¿Y yo me pregunto porqué? ¿Por qué tenemos más valor por escrito que cara a cara con el destinatario de nuestras palabras? Quizá sea el hecho de la mágica soledad de escribir, de cuando nos encontramos a solas con el papel en blanco, cara a cara. Un papel dispuesto a que derrames sobre él tus sentimientos, sin tapujos ni dobleces. O quizá sea la ausencia de la amedrentadora presencia del otro la que nos otorga esa especial libertad.

       ¿Quién no ha escrito cartas de amor? Si aún no lo habéis hecho os animo a ello (¿qué esperáis?), porque no hay nada como desnudarse sobre un papel en blanco (metafóricamente hablando, me refiero, allá cada uno con sus fantasías :)). Esas misivas son puro sentimiento, sin importar si lleváis juntos tres días o tres décadas, resulta tremendamente enriquecedor para la pareja.

       También hay cartas que sirven para todo lo contrario, en las que le cuentas a alguien a quien quieres lo que no te gusta, lo que no soportas, con mucha más calma, detalle y tacto que con la que lo harías hablando, o discutiendo.

       Porque cuando escribes, ya sea una carta manuscrita, un correo electrónico, una poesía o un diario personal, materializas los sentimientos. Conviertes en delineados surcos de negra tinta las palabras; esos elementos efímeros, fugaces, hechos de aire y ruido. Y las haces verdad, tomando cuerpo y forma. Las haces permanecer, para ayudarte a sonreír en un día triste, para demostrarte que hubo un tiempo en el que creías en las causas más peregrinas, para recordarte cuánto has amado o cuánto te han amado. Porque a las palabras escritas no se las lleva el viento, a menos que dejes abierta la ventana.

       Feliz fin de semana a tod@s.

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