abril 14, 2012

RSM Titánic







Hoy se han cumplido cien años del hundimiento del Titanic, o lo que es lo mismo, tal día como hoy hace cien años se precipitaba a las profundidades el que iba a ser el barco más poderoso de cuantos se habían construído. Una de las tres estrellas de la nueva clase Olimpyc que situaría a la White Star Line por encima de sus competidores transatlánticos. Un barco al por sus novedades técnicas como la triple hélice o los diecisiete mamparos estancos habían llevado a la prensa a calificarlo como insumergible.

Aunque en realidad se hundió la noche entre el 14 y 15 de abril, en torno a las 2:20 h de la madrugada, tan sólo aproximadamente dos horas después de colisionar con el consabido iceberg al sur de las costas de Terranova.

Fueron muchas las leyendas que envolvieron al hundimiento del RMS Titánic, cuyos restos fueron hallados el 1 de septiembre de 1985 por el investigador Robert Ballard y su equipo, a 4.000 metros de profundidad.



Las imágenes obtenidas por Ballard otorgaron la razón, setenta y tres años después, a relato del joven John Borland Thayer (Jack Thayler), el único superviviente que había relatado cómo el barco se partió en dos antes de hundirse por completo. Algo impensable en la época, en cuyas crónicas la tragedia hablaban del hundimiento del barco en una sola pieza.

Jack Thayer, tenía diecisiete años y viajaba con sus padres en primera clase rumbo a Nueva York. Era la noche del 14 de abril y estaba preparándose para meterse en la cama cuando percibió un leve ruido y un zarandeo que ni siquiera le hizo perder el equilibrio. Un soplo de aire helado se adentró por el ojo de buey a medio abrir de su camarote, el C-70.

Entonces, colocándose una chaqueta sobre su pijama visitó el camarote de sus padres, advirtiéndoles que pretendía subir a la cubierta A a comprobar cuál era la diversión, pensando que se trataba de algún tipo de celebración la que había producido aquel ruido, descubriendo, cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad, que había varios pedazos de hielo sobre la cubierta de proa.

Regresó al camarote de tus padres John y Marian, el C-68, y les comunicó lo que había descubierto, consiguiendo que su padre John Borland Thayer I subiese a cubierta, desde donde observó pequeñas piezas de hielo flotando en el agua alrededor del barco, aunque Jack no vio nada.

Al cruzar por babor percibieron que algo no iba bien y regresaron a sus habitaciones donde se vistieron, colocándose los chalecos salvavidas con los abrigos encima para regresar a cubierta donde comenzaba a organizarse la operación de desalojo del buque. Esperaron para ser embarcados en los botes salvavidas cuando la orden de evacuación de “mujeres y niños primero” les obligó a separarse. Por un lado su madre Marian y su doncella la señorita Flemming permanecieron en la zona de babor de la cubierta A, mientras él y su padre eran apartados a estribor.

Cuando creían a Marian a salvo en uno de los botes ambos hombres se sorprendieron tremendamente al conocer de mano del segundo jefe Dodd Steward George que aún permanecía a bordo.

Ambos la buscaron hasta encontrarla y permanecieron reunidos a la espera de un bote salvavidas, pero Jack acabó perdido entre la multitud que desesperada trataba de acceder a éstos.

El muchacho buscó a sus padres un buen rato, en compañía de Milton Clyde Long un joven al que había conocido aquella misma tarde tomando un café, pero al no encontrarlos pensó que habrían subido a uno de los ansiados botes salvavidas, al fin.

Jack y Milton se dirigieron a estribor, donde los botes salían deprisa, sin ni siquiera completar el número de pasajeros que podían ocuparlos. Los dos jóvenes trataron de subir a uno de ellos pero había toda una multitud intentándolo y muy poco espacio.

Desde los pescantes, en los huecos dejados por los botes salvavidas que ya habían partido, ambos tomaron como referencia una lejana estrella en el horizonte, cuya distancia entre los pescantes de hierro les ayudaba a medir a qué velocidad estaba hundiéndose el barco.

Cada vez el buque se sumergía a mayor velocidad y Jack decidió saltar al agua, como muchas otras personas hacían, al fin y al cabo él era un gran nadador. Su amigo Milton no lo era y le persuadió de hacerlo.

Sin embargo Jack sabía que no podía esperar más, el agua ascendía por el interior del barco produciendo ruidos sordos al hacer estallar el aire a presión de las mamparas estancas. Se despidió de todos y se subió a la barandilla, Long imitó su gesto, mirándole fijamente le dijo: 'Tú vienes, muchacho, ¿no? " Jack contestó: "Ve por delante, voy a estar contigo en un minuto." Y Long se deslizó hacia abajo por el costado del buque. Jack nunca volvería a verlo.

Justo después saltó Jack, con los pies por delante, cayendo en las gélidas aguas lo suficientemente lejos del barco, sintiéndose empujado lejos de la nave por algún tipo de fuerza.

Después relataría cómo el barco parecía estar rodeado por un gran resplandor, como si estuviese envuelto en llamas, en mitad de la oscura noche estrellada mientras la proa se hundía rápidamente. La gente que aún permanecía a bordo, más de mil quinientas personas, corría en dirección a popa cuando esta se elevó hasta alcanzar un ángulo de entre sesenta y cinco y setenta grados.

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Sonó un gran estruendo cuando la estructura comenzó a partirse en dos entre la tercera y cuarta chimenea, y las luces del coloso se apagaron para jamás volver a encenderse mientras este se desquebrajaba. Jack podía ver cómo la gente se arremolinaba como abejas en un panal, cayendo al mar, para ser tragados por éste.

Apenas siete u ocho metros libraron al joven Jack de ser aplastado por la gigantesca estructura de popa que después recuperó la vertical para permanecer flotando como un corcho durante un rato, hasta sumergirse, lentamente.

Cuando al fin la popa fue tragada por las gélidas aguas del atlántico Jack sintió cómo el barco tiraba de él con una succión poderosísima y se afanó nadando con energía. A dicha succión siguió una pulsión contraria y una gran ola producida por el efecto de repulsión del definitivo hundimiento que hizo emerger gran cantidad de fuselaje y pequeños restos del barco a la superficie.

La mano del muchacho que nadaba en la oscuridad tocó el borde de corcho de un bote salvavidas volcado, había varias personas sobre éste que habían contemplado atónitos el descenso agónico hacia las profundidades marinas del pecio. Uno de ellos, fogonero, le ayudó a subir.

En poco tiempo eran más de veinticinco hombres subidos al bote volcado.

El espacio era reducido y los hombres caían al agua, teniendo que nadar esforzándose en volver a subir. Hasta que precariamente se equilibraron en el bote volcado, desde donde podían oír los gritos agónicos de aquellos que nadaban en el agua, en mitad de aquella profunda oscuridad. Estos resonaban en los oídos del muchacho como el sórdido zumbido de las langostas de su hogar en Pensilvania.

Después de la larga noche fueron rescatados por los botes salvavidas 4 y 12, que finalmente aceptaron subirles pues albergaban el temor de que aquel exceso de peso terminase por hundirlos a todos.

El joven Jack estaba tan preocupado por alcanzar la seguridad del bote 4 que ni siquiera se percató de que su madre viajaba en el 12, a escasos metros de él.

A las 8:30h de la mañana fueron rescatados por el barco Carpathia, el primero en acudir al rescate del malogrado RSM Titanic, a pesar de que había otro transanlántico mucho más cerca; el SS Californian, que al parecer malinterpretó las señales de socorro del Titanic (de hecho, hay quien asegura que si el SS Californian hubiese acudido a la llamada de auxilio la gran mayoría de náufragos del RMS Titanic habrían podido ser rescatados con vida, algo que atormentó a su capitán; Stanley Lord, durante el resto de sus días)

Fue allí, sobre la cubierta del Carpathian donde el joven Jack pudo al fin reencontrarse con su madre, quien le preguntó nada más verle; ¿Dónde está papá? A lo que él contestó; No lo sé.

En el Carpathia le prestaron pijamas y una litera. Y cuando Jack pudo acostarse a descansar al fin pensó que la copa de coñac que acababa de tomar para calentar el cuerpo helado tras la eterna noche del hundimiento era la primera copa de licor que tomaba en su vida, y después se durmió.

Durante la travesía en el Carpathia Jack relataría lo sucedido a uno de los pasajeros, LD Skidmore, quien dibujó una secuencia de imágenes basadas en los recuerdos del muchacho.

Sin embargo no fue hasta el uno de septiembre de 1985 cuando tras el descubrimiento por parte de Robert Ballard del pecio sumergido descansando en el lecho marino, cuando sería confirmado el relato del joven Jack. Gracias al equipo sumergible Argo provisto de cámaras sensibles a la oscuridad que demostró que el gran Titán se había quebrado en dos antes de descender hasta las oscuras profundidades de suelo oceánico, donde hallaría su reposo eterno.

No sé si a vosotros os cautiva tanto la historia del Titanic como a mí, pero si os apetece conocer un poco más de la historia de Jack Thayer os dejo un enlace aquí, aunque os advierto que está en inglés. Fueron miles las historias quebradas aquella fatídica noche, como miles los fallecidos en una conjunción de factores que propició el terrible desastre.

Saludos ;).

PD: Las imágenes son de la web

6 comentarios:

  1. Está claro que seduce a muchos, a nosotras por lo menos jajaja
    Un besote cielo

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    1. Tiene todos los alicientes misterio, lujo, tragedia... Es pura literatura ;)

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  2. Muchas gracias por toda esta información,, sino me equivoco fueron 1517 los fallecidos,,, pero me parece terrible no creer a los superviviente que vieron como se partió el casco,,, aun seguian pensando que el Titanic era indestructible.... A esto me refería con lo de la osadía de los hombres, pensar en que son superiores a todo.

    Un beso y feliz domingo!!!

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    1. El ser humano es a veces tan estúpido como osado, pero gracias a ambos aspectos hemos evolucionado, jejeje. Saludos Batoosahi ;)

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  3. María José, apasionanteeeeeee, la leí con los ojos a cuadros. Precisamente, el novio de mi hija, me contaba ayer, que un día,un niño, visitando la casa de las ciencias en La coruña,vió un plato que tenían expuesto en una vitrina, y él le dijo a su profesor, que el tenía uno igual. Qué su padre, era marinero, y hacía unos años, había pescado en las redes un plato igual que ese. Imaginate el revuelo. Dicen que el plato pertenecia al Titanic,que los pasajeros, tenían la costumbre de tirar los platos por la borda, para tener buena suerte. Y que este marinero, encontró el plato muyyyyyy lejos del lugar donde se hundió el titanic.Eso me contaba precisamente ayer que lo leyó en no se que revista.Apasionante verdad??la pena es la página a la que remites que es en ingles y...ni flores!!!Besitosssssssssssss genialllll me encantan estas cosas!!

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  4. La verdad es que si que es apasionante Midala, a mi me encantaría poder ver el barco, esos rincones, esas estancias desiertas... Aunque a la vez me daría un poco de grima jejeje. Me alegra que te haya gustado ;)

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