febrero 04, 2017

El peso de ser mujer

Hace unos días estuve en un cole hablando de lo que se siente al ser escritora y l@s pequeñ@s me hicieron las preguntas más variopintas, desde qué se siente al ser famosa (ains cómo me reí) hasta con qué edad comencé a escribir. 

De camino con la visita entregué los premios de un concurso de relatos en el que el 90% de los premios los habían ganado niñas. 

Les pedí que no dejasen de soñar, que si a algun@ de ellos/as tenía el sueño de escribir que lo persiguiesen. 

Me resulta muy tierno participar con los colegios porque me veo reflejada en los ojos de esas niñas con mirada soñadora que disfrutan uniendo palabras, ains. Me encantaría poder decirles que van a tener las mismas oportunidades que sus compañeros, en general, no solo en esto de escribir, y de veras espero que sea así. 
Pero sé que queda mucho camino por recorrer para conseguirlo. Y es mucho lo que se ha logrado, mucho lo que ha cambiado la mentalidad en este país a lo largo de los años, pero más aún tiene que cambiar. 

Ser mujer lleva un peso añadido. Y me refiero a lo que la sociedad nos exige por el mero hecho de ser mujer. 
Hace algún tiempo acudí a un evento de mujeres en la política en el que participaban cuatro alcaldesas y me dejó petrificada, que las cuatro comentasen que cuando llegaron al cargo el comentario general entre sus detractores era el mismo; Eran una marioneta colocada en ese lugar por un hombre que dirigía el partido y la gestión de su gobierno municipal en la sombra. Daba igual el color político, la sentencia era la misma. No importaban sus carreras universitarias, su trayectoria profesional y política, era como si ninguna lo mereciese. ¿Por qué? ¿Por que eran mujeres?

¿Cuántas veces hemos oído el comentario, cuando una mujer asciende en su trabajo, de con quién se habrá acostado para conseguirlo? ¿Con los hombres lo habéis oído alguna vez? Yo no.

Y luego está el tema del salario, aquí quiero matizar que en mi carrera profesional (y pronto haré 18 años como enfermera) nunca me he sentido discriminada en este sentido, ni en el sector público ni en el privado, pero en la última Encuesta de Estructura Nacional  que ha publicado el INE cifra la brecha salarial en el 13,3%, aunque los sindicatos la calculan en torno al 17%, o hasta el 24%. Es indignante que en pleno siglo 21 por el mismo trabajo las mujeres cobren menos, es injusto y algo que deberían plantearse todas esas personas que afirman que las mujeres y los hombres ya estamos en igualdad, porque no es así.




Desde todos los medios de comunicación, desde la publicidad, programas, etc., se nos exige que nosotras no solo debemos ser inteligentes y buenas profesionales, sino que además debemos estar guapas. Guapísimas y arregladas. Da igual que seas médico de urgencias o fontanera, si vas con bigote, canas u ojeras siempre te juzgarán más que a un hombre con el mismo aspecto. Ya, es que los hombres no se preocupan de esas cosas, quizá si les dijésemos  «vaya cara de muerto traes, estás horrible con esas canas» un día tras otro, se pensarían en teñirse el pelo.

Y además me pregunto, ¿Por quéno aparecen presentadoras en los informativos, por ejemplo, a partir de los cincuenta años? Hombres sí que aparecen más allá de esa edad, ¿qué pasa que cuando cumplimos los cincuenta nos volvemos malas profesionales? Ojo que no pongo en duda la preparación de las jóvenes guapísimas que colman nuestras pantallas presentándolos, pero pienso que la televisión está tomando una línea muy perjudicial en ese sentido. Si eres mujer y no estás perfecta, la sociedad televisiva te borra del mapa, con las excepciones de profesionales de la comunicación que se comen la cámara con sus arrugas y su edad, porque transmiten tanto que ni siquiera el paso del tiempo puede quitarles su sitio ante el objetivo.

Y todo esto sin entrar en el tema de la maternidad, porque si eres mujer y no te planteas la maternidad eres un extraterrestre. Tengo conocidas que decidieron no ser madres y aun después de los años, tienen que soportar comentarios tipo: al final te arrepentirás. Pero si un hombre no se plantea ser padre, es de lo más normal, ¿verdad?



En fin, sé que queda mucha lucha por delante aún para que esas niñas de ojos soñadores puedan hacer con sus vidas lo que les plazca, sin sentir ese objetivo en la nuca, esas exigencias dignas de superheroínas cuando en realidad sólo deben preocuparse de ser mujeres, de carne y hueso. Pero es una lucha que debemos hacer entre todos, hombres y mujeres, porque solo así llegará el día en el que la igualdad sea real.

1 comentario:

  1. Cuanta verdad... la sociedad exige y exige, pero nunca es suficiente. No creo que nosotras lleguemos a ver la igualdad, pero cada paso es importante!
    Un besote guapa

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